La abuela del SIC

Fue como entrevistar a Mirtha Legrand. Su sabiduría, su historia, su paquetería mezclada con toda su humildad y su lenguaje sofisticado, “abritishado”, con ese tono de abuela tierna de cuentos de hadas mezclado con la mujer de campo y deporte que la invade de tanto en tanto cuando su pasión la desborda y toma por sorpresa… Maureen Dolan, la hermana de Belo, nos recibió en su departamento de Acasusso con sandwichitos de miga y Coca cola: como cualquiera de nuestras abuelitas cuando vamos a tomar el té. Ya con el simple saludo se respiraba aire zanjero… y dulce. El ambiente, repleto de cuadros con hombres y chicos vistiendo la tricolor en amarillentas, pero también, actuales y coloridas fotos de cancha repletas con nietos, escudos, copas… todos los trofeos y recuerdos recopilados por sus hermanos e hijos.  Todos los que “todavía” no donó. Porque confesó haber tenido muchísimo más. 
– Pasen chicos, pasen… como en su casa… Escúchenme una cosita antes que nada… ¿Ustedes que quieren que yo les diga? Me encanta que estén acá, pero yo no soy la indicada… Hay gente mucho más importante que yo en el SIC, gente que sabe mucho más que yo…
Le advertimos que sólo era una simple entrevista para revista del club, y que con algunas palabras de ella iba a estar todo bien. Que no queríamos pura información, sino que por el contrario, como nos había dejado tan emotivas palabras en el cóctel del 70 aniversario, que queríamos plasmar por escrito -para el recuerdo-, todos esos sentimientos que tan marcados a fuego tenía para regalarnos.
Recién ahí se sentó. 
– Saben qué pasa, chicos? – Continuó… Yo estuve 20 años fuera de Buenos Aires: Primero en Montevideo, luego Inglaterra, Estados Unidos y Rosario, por eso me perdí muchas cosas, sobre todo esta camada de gente tan linda de ahora: Coco Rocha (padre), Caña del Campo (padre), tu papá Nicolás (por E. Oderigo)…  Gente que está haciendo tanto por el SIC. Igual, es tanto mi cariño que me da tristeza y pena haberme perdido todo ese tiempo, tristeza relativa, claro… Pero por eso no creo que soy la más indicada para esta entrevista… 
Maureen Dollan: Docente, directora y fundadora de escuelas en Buenos Aires y el interior del país. Jugadora, hincha y amante del SIC por naturaleza. Hija, hermana, madre y abuela de zanjeros. 
¿Cuándo comenzaste a ser parte del SIC?
Maureen: El 14 de Julio de 1935 empecé a pertenecer al SIC, (tenía apenas diez años). 
¿Estás yendo muy seguido al SIC?
M: No tanto como quisiera. Pero mi pasión sigue intacta, eh! Miro todos los partidos de rugby y hockey. Tanto del SIC como los de Europa y Estados Unidos. 
¿No te dan impresión los golpes como a otras mujeres?
M: Eh? No, no, no… Los chicos saben caer. Si vos sabés caer no te lastimas… ¿Qué me van a dar impresión? Imaginate que yo me crié en eso… cuatro hermanos! Todos los partidos… No, por ahí hoy lo que sí me impresiona es la preparación física de los chicos de ahora… Ya me impresionaba antes al que le decíamos “El potro”, el hijo de Mario Walter que fue nuestro wing. Lo vi el otro día y dije: estás espléndido! Y se lo dije a su madre también… En aquella época, cuando Mario era joven ya te impresionaba por lo fornido… pero era todo natural.  Ahora hacen toda clase de fierros. Me impresiona también la cantidad de accidentes, chicos hemipléjicos que hay… 
¿Antes no había tantos?
M: Yo no me acuerdo.  Siempre desde chica me ha llamado la atención de que en el Scrum no ha habido más accidentes de los que hay. Porque es un instante… increíble… el choque digo, el instante de (hace gestos con sus manos de unión), supongo que será porque de ambas partes hay un “cuidado” de no lastimarse. Un respeto. Así que no, volviendo a la pregunta… Impresionarme el tema físico de golpes en sí no me impresiona… Esa gente que dice: “So Rought”, no, yo me críe así. Me impresiona también, todo el cambio… del amateurismo al profesionalismo, la cantidad de gente… Muchos cambios, muchos cambios… (Se acuerda de algo) Ah, sí… lo que sí me impresiona es cómo entrenan… la Primera antes se entrenaba los jueves y pará de contar… 
¿Y los jueves también hacían tercer tiempo, me contaron… ¿Puede ser?
M: Sí, claro…
¿Como los jueves ahora que se quedan a comer?
M: Sí, pero ahora es otra cosa… ahora van las mujeres! Estoy hablando mucho chicos, después ustedes saquen la mitad (risas).
¿En cuanto a conducta, qué diferencias ves del rugby de antes y el de ahora? 
M: Yo no veo tanta diferencia, y a veces, hablando con gente de mi edad he dicho lo siguiente: ¿No se dan cuenta que una de las últimas instancias que nos quedan de autoridad es el referee de rugby? Porque ni siquiera el de fútbol es respetado hoy día… Pero el del rugby todavía sí…
Maureen alza las cejas en señal de asombro y nos deleita con una nueva anécdota:
Una vez en Rosario… Miño,  que había sido compañero de rugby de mi marido Lauro, estaba haciendo de referee… En medio del partido se armó una piña tremenda y le quisieron pegar a él, a Miño. Entonces entraron todos los compañeros de Rosario a defenderlo, al referee! (Angustiada) Al Referee!! Cómo puede ser que necesite ser defendido?… Y a Rosario les suspendieron la cancha, no te digo por 99 años porque no existía esa sanción, pero más o menos. (Hace una  pausa y dolida enfatiza) Hay que hacer algo, chicos… hay  que cuidar a los referees antes de que todo esto crezca. Eso es muy grave, muy grave… Ojo que en el hockey también pasan estas cosas. En el mundial de las Leonas… ay, esas Leonas maravillosas que tenemos… no sé si era el mundial o en el Champion Trophy… el DT del equipo de India las mató a gritos, y yo miraba la escena por T.V y me llegó hasta el alma! ¿Cómo podía tratar así a sus propias jugadoras!? (Se queda pensando, angustiada)
¿En qué te quedaste pensando?
M: No, en eso… Las Leonas, veo mucho que levantan la mano… ¿Para qué levantan la mano cuando juegan ahora en hockey?
Avergonzados respondemos: – Para pedirle la falta al árbitro. 
Maureen ironiza una sonrisa y acota: – ¿Eh? Ellas le van a decir al referee lo que tiene que cobrar? ¡Pero por Dios! Bué, volvamos a la pregunta, mejor… Tratando de contestarles: no, no veo muchos cambios, será porque sólo veo los partidos del SIC…  Y para mí el SIC sigue manteniendo intactos sus valores…
Hablás mucho del rugby, tanto así te gusta el hockey, supongo… 
M: Mirá, mi pasión pasa por los dos deportes… porque el SIC tiene dos deportes y los dos son importantísimos para mí… Mi pasión pasa por el SIC completo. Claro que me gusta el hockey… Jugué con tanta pasión como con la que hablo ahora… Te voy a contar algo divertido: Los pocos novios que he tenido, porque fueron pocos… y resulta que antes era que si no te llamaban el miércoles no salías… (risas; estupefactos los entrevistadores), ¡Claro! No se rían… No te llamaban el miércoles y era… ¡pucha! perdí el fin de semana… Pero yo no. Yo si el fin de semana tenía hockey, ¡Minga que el miércoles contestaba el teléfono! (Más risas de todos)
Sos toda una fanática…
M: No. No es que sea fanática, porque un fanático es en cierto modo una persona desequilibrada, para mí el rugby del SIC es una pasión, como escuchar a Beethoven, como leer… (…) Y otra cosa chicos, les repito: yo no soy tan importante como para que ustedes estén acá sentados preguntándome… hay gente mucho más importante que yo en la historia del SIC,  que sabe más que yo y que no estuvo 20 años afuera…
En un intento por relajarla le explicamos que sólo queríamos hablar con ella porque tiene algo que despierta a preguntarle… 
– “Sos como la abuela del SIC…”
M: (Risas) No, no, no… hay muchas abuelas… Y qué mujerazas!! Tu abuela, (por Nicolás), Elvirita, la mujer de Soquete…
Nos reímos por los sobrenombres de la época. 
M: Y sí… El Milanesa Squiape, El Banana Stewart, La chinche Cilley, el petiso show… El potro… No saben lo que eran estos tipos que estoy nombrando!!… ¡Qué grandes hombres! Me hizo acordar a la emoción que sentí el día que el Pizza Pasman me hizo hablar en el 70 aniversario… quería que esperáramos a que llegasen los del Plantel Superior, como le dicen ahora a la primera…  ¡Esperarme! ¿A mí? ¡Me sentí tan honrada! Tan halagada… me emocionó hasta el alma ver a esos hombres grandotes con los ojos húmedos por lo yo que estaba contando… ¡Qué honor! Al verlos así trataba de bajar la intensidad… y me quedé preocupada porque por cuidarme no llegué a contar mucho sobre Nuestra Palabra… 
– Nos podés contar ahora si querés… Empecemos por el principio, ¿Cuántos Dolan jugaban en el CASI?
M: Homero y Mario, los dos mayores. Homero jugó en lo que antes se llamaba la reserva, y Mario fue el capitán de la Cuarta A. Esa Cuarta famosa donde la  mayoría se fueron del CASI. En mayo habían ganado el campeonato. Pero todos estos detalles se los va a dar mejor su compañero, El Salteño.
¿Cómo fue que los Dolan llegaron al CASI? 
M: Mamá trabajaba de secretaria de un dentista en Paraguay y Florida. Era 1910, no te digo que Florida era de tierra pero de adoquines, seguro… (Risas) Entonces mamá se pone de novia con papá y los dos dentistas que trabajan con ella; ¿Cómo se llamaban? Ah, sí Homero y Emmet, eran dos norteamericanos que habían venido a la argentina pero decidieron volverse justo cuando mamá y papá se iban a casar y entonces le regalaron un departamentazo ahí en Florida y Paraguay. Allí nació Homero y… Aclara que tenía ese horrible nombre por culpa de este dentista mientras ríe picaresca, como seguramente lo hacía de niña burlándose del nombre de su hermano, y continúa: – Después nació Mario y Jackie… y ahí mamá le dijo a papá: “quiero verde”. Y entonces, como papá se conocía con Greham, otro irlandés, -el abuelo del chico Greham que murió en las torres Gemelas, uno de los 4 argentinos-, juntos vinieron a San isidro como podrían haber ido a Quilmes. Era tajante: sur o norte, porque el ferrocarril marcaba el rumbo en esa época y no había tantos caminos como hay ahora… y bueno, vinieron acá y mamá cuando vio San Isidro dijo: “No. Quiero más campo”, así que nos fuimos a Beccar. ¿Cómo terminamos en el CASI? Porque para comprar una aguja o el pan, tenías que venir a San Isidro… La vaca venía a casa, mamá salía con un jarrito y así teníamos la leche… y tras una pausa melancólica, se le ilumina la cara al recordar:  – Por eso fuimos al CASI, el CASI era nuestra vida. Íbamos todos los domingos a misa de once y después al CASI a tomar un copetín… nosotros en los juegos… Era toda una familia… era nuestra vida… papá creo que jugaba a la paleta, hasta fue intendente… Todas familias amigas, chicos por todos lados porque eran familias muy numerosas: los Sackman 14, los Becar Varela 12, nosotros 9, los Belgrano 9… todos, todos… los André 13… era como se vivía antes… un estilo de vida… 
¿Y porqué el rugby y no otro deporte; porque en esa época en el CASI había fútbol, no?
M: Porque papá jugaba al rugby en Hurling de Devoto con todos los irlandeses, cuando nos mudamos a San Isidro por eso que te contaba que no había caminos, papá dejó de jugar. Y sí, en casa se jugaba al fútbol en el potrero desde que yo nací… A mí como era mujer me mandaban al arco… (Risas) Pero era una casa siempre abierta a todo el mundo, llena de gente, familiar… Y bueno, cuando Homero y Mario cumplieron la edad, empezaron a jugar en el CASI al rugby como papá en Hurling…
¿Y se fueron todos en 1935 del CASI?
M: (Rotundo) Sí. Y aclara: – Papá estaba indeciso, porque era un tema delicado… (Comienza a notarse una indecisión en la voz, como que quiere hablar pero le cuesta decir) Había muchos señores en contra… otros a favor, no era una decisión fácil de tomar… El tema principal, creo yo, empezó con el Señor Urien y algunos más que no toleraban que el rugby entre con todo su espíritu Británico traído especialmente  por Miller, el Patón Stewart, entre otros ingleses… Ellos trajeron el espíritu Inglés del rugby que era “Fair play”, y acá… en la que te criaste… (le sale la campesina de adentro con una voz graciosamente gaucha), que desde Garay nos enseñaron a… a la viveza, ustedes saben… y bueno, ahí fue donde Urien empezó a darles trabajo, en el buen sentido… Pero ellos, los jugadores, no le daban ni la hora… Y cuando Urien y demás quisieron empezar a poner jugadores, sacar, meter y nunca había tocado una cancha de rugby, pero bueno, igual se lo respetaba, porque tenía su autoridad. Porque la autoridad se respetaba… Pero sí, los Dolan no fuimos todos. Y como les decía, papá estaba indeciso porque a pesar de ser clase media y que en ese momento no había diferencia… pero, que las hay las hay… No quería enfrentarse a los conservadores, que además eran sus amigos! Y papá era muy respetuoso… por eso se mantenía esperando a ver qué hacía el resto… imaginate la decisión de un padre… todos los hijos del otro lado… mis dos hermanos mayores incluso son los últimos que firman “Nuestra Palabra”, que por eso yo la amo tanto… Homero y Mario… el día anterior mamá le dijo: “Jack, what had you decided?” (y “politemente” nos pregunta si los dos entendemos inglés;  ambos respondemos que sí, entonces prosigue: – Jack qué has decidido??). “Y Jack responde Rotundo: voy donde van mis hijos.” 
Y por supuesto mamá y yo seguimos a todos los varones. 
(…)
El hockey me encantaba por la amistad que había. 
¿Quiénes eran tus amigas en el CASI?
Sonríe y sin dudarlo contesta: – Las que son hoy mis amigas en la vida. Mamucha Rodriguez, Nenucha Urien, Bimba Bustamante, las Sackman, Susanita… todas, todas… Igual yo tenía diez años… igual las seguí viendo.
¿Y en ese momento ellas se fueron con vos??
No, no… (Se ensombrece) Por eso fue una adolescencia dura, triste, nostálgica… nos apoyábamos mucho en el hockey del SIC. Porque muchas amigas habían quedado “del otro lado”…  
¿Desde que te fuiste del CASI hasta que volviste a poder ser amiga de tus amigas, pasó toda la adolescencia?
M: Y Sí… bastante, sí. 
¿Quiénes fueron las amigas que encontraste en el SIC?
M: Las Ledesma, la amorosa Luisa Lanuse, Todas las Beláustegui: Teresa, Mecha, Matilde, la Negra y Pepa, Doreen Manley, las Michaud, a lo mejor me olvido de alguna… eran casi todas del CASI y pasaron al SIC con sus familias…  En cambio Peggy Greham se quedó en el CASI: nos veíamos a escondidas, sin que se supiera mucho. Nos escribíamos cuando no nos podíamos ver… 
¿Tan “duro” era verse con alguien del CASI?
M: y mirá… en ese entonces todas las semanas se escribían cartas en el Herald tanto de un lado como del otro del Rugby de San Isidro, y las cartas más duras siempre las escribía el papá de Peggy… Era un hombre firme… Si nos encontraban viéndonos no sé que pasaba… 
¿De alguna manera pudiste ayudar a la fundación del club a pesar de tu corta edad? (diez años)
M: Hice lo que yo siempre supe hacer en la vida: amar. Así que yo amé con toda mi ser al SIC.
(De buenas fuentes además, sabemos que Maureen con sus diez añitos salió a repartir “Nuestra Palabra” por los buzones de las casas vecinas.)
“El SIC fue parido con dolor”… 
Sobre todo a los adolescentes y chicos de esa época nos dolió muchísimo la separación. Porque éramos todos amigos. Éramos una misma familia. (…) El meollo del asunto fue que nuestra primera división (La del CASI)… Ojo que eran todos caballeros, a pesar… Cambia de parecer y acota: – para qué nos vamos a meter, yo no puedo hablar… no soy la indicada… entonces en casa se hablaba, todos los días se hablaba del meollo! Venían los amigos a hacer reuniones, a hablar de formar el nuevo club, y vos crecías escuchando esas conversaciones de grandes, escuchando y amando algo que se estaba gestando con tanta pasión… Y siendo lo apasionada que soy, estabas dispuesta a dar tu vida por ese fin… recuerden que es sólo una expresión, no quiero que se confunda con el fanatismo… el meollo del asunto era que la comisión directiva del CASI con Julio César Urien, el presidente a la cabeza, se negaba, no escuchaba, no quería saber nada con ese conjunto de locos que se habían desnudado, que habían chupado… todo exagerado era, porque en la esencia no fue así, todos los sabemos… entonces qué hizo nuestra gente… amigos de él eran! Iban emisarios, amigos a la reunión de comisión directiva del CASI y rogaban: “Julio lo que queremos es hablar! Queremos dialogar…” Y nunca, nunca quiso dar el brazo a torcer… Eso está, es historia… y ahí, por esa incapacidad de ser escuchados, se escribió lo que se llama “Nuestra Palabra”… Con todo lo que pensaban los jugadores y se hizo firmar correctamente. Y lo que ahí decía era muy respetuoso, real y absoluto. Es que nunca fueron escuchados!!! No es un capricho, no fue un berrinche… no fueron escuchados… Entonces decidieron escribirlo y salir a repartirlo por San Isidro. Y lo que dolió tanto fue eso: que no quisieron escuchar la versión de los jugadores. Ni los querían ver. 
¿Qué les dirías, si pudieras, a un jugador de rugby con sus “tic, tic, tic”, y a las jugadoras de hockey de hoy?
M: Me daría por decírselos juntos… porque ustedes tienen algo que nosotras no… no por el SIC sino por la sociedad en qué vivíamos… siempre divididos, hasta en la iglesia teníamos que sentarnos separados de los hombres. Entonces juntos les diría lo único que sé decir: lo que yo amo al SIC, que lo vi nacer, que lo hemos parido verdaderamente con dolor: es una enorme privilegio jugar en el SIC: cuídenlo.  En todos los sentidos es un gran privilegio… mirá se me va la voz por emoción… porque nos preocupa, así como en el país, a veces nos preocupa: ¿qué puedo hacer? Algo tiene que haber… (…) “Por comisión o por omisión, tenemos hoy el país que tenemos, y  con el SIC lo mismo: es un privilegio enorme, enorme… y una responsabilidad, porque con esto que estamos, con todo lo que está haciendo el SIC, estamos contribuyendo… Es el último reducto que nos queda, el referre… respetémoslo!”  
Una anécdota de Belo que nos quieras contar…
M: Uh… tengo tantas! (…) pero una relacionada con el rugby creo que fue en un casamiento. Nicolás y María José eran chiquitos… Y Belo, caballero como era, acompañó a Betty y los dos chiquitos al auto para que vayan a descansar. Y como nosotros hablábamos en inglés, porque en ese tiempo se usaba, en ciertas ocasiones         -como en ésta- eso nos venía muy bien… Entonces Betty le dice a Belo (en secreto y en inglés): no me gusta la facha de esta pareja que viene detrás nuestro… Belo agarra a los 2 chicos y cuando quiere avanzar el tipo se fue para adelante, sacó un revolver y le pegó un tiro… y Belo con el tiro acá, dejó a los chiquitos, se levantó y… le hizo un tackle!!!  Salió en todos los diarios, les juro! Betty corrió a avisar que lo habían baleado a Belo… Y salió todo el país a rescatarlo… Belo seguía a los gritos: Déjenme que le hago otro tackle!!! Suéltenme que le hago otro tackle!! Y la mitad del SIC lo llevó en andas al San Lucas, y ahí lo operaron salvándole la vida. La otras mitad salió a buscar al que le disparó… 
Y lo agarraron?
Claro que lo agarraron! Resultaron ser una mucama de la zona y su novio que querían sacarle unos pesos… Por supuesto que los agarraron, esto no era común en esos tiempos… Y Belo y Betty, años después los iba a visitar a la cárcel.  Any way…  
– Ay, Belo… Belo es así… Les conté que cuando lo voy a visitar al Marín, lo único que lo hace reaccionar es cuando le susurro en el oído intentando imitarlo: “Bien, José!!”
Nosotros con nudo en la garganta y sin capacidad de palabra asentimos cordialmente… Ella traga saliva e intenta cambiar el humor dibujando una gran sonrisa: 
– Gracias chicos, qué lindo encuentro… esto es la vida, ¿Ven?